Pensiones públicas, pensiones privadas

No existe tal disyuntiva o no debería existir, si los parámetros económicos que dan lugar a esas pensiones estuvieran bien gestionados por las Administraciones Públicas, fuesen del color que fueren.

La mejora de la macro-economía nacional ¡¡¡ algún día tendrá que llegar a la micro-economía nacional, es decir, a las economías familiares, a las domésticas!!!

La pensión pública, en cualquiera de sus modalidades, es un derecho para todos los trabajadores en un estado social y de derecho como es España, que cotizan por auto-empleos o por empleos por cuenta ajena.

Y aquí es donde se produce la sucesión de capítulos económicos que son los obligados a posibilitar que esas pensiones públicas existan y les lleguen a todos los ciudadanos cotizantes en cualquiera de sus situaciones.

Esa cadena de sucesos económicos en una economía de mercado, como es la española y la Comunidad Europea a la que pertenece España, se inicia por la creación y promoción de empresas, en cualquiera de sus modalidades mercantiles y esas empresas han de estar dispuestas a cumplir con la parte de participación, que el estado social y de derecho donde están inmersas les socilita y requiere, y ello a fin de que las cotizaciones de estos trabajadores sirvan para sufragar esas pensiones públicas.

Las empresas autónomas, las pequeñas y medianas empresas están cumpliendo, por lo general, con sus cometidos de expansión comercial y de consiguiente creación de empleo, pero no pueden solucionar ellas solas el problema.

Y si en una economía de mercado es necesaria la empresa, por no decir imprescindible, resulta incongruente su persecución generalizada, ni describirlas con estereotipos que no corresponden a la realidad.

La reacción de las familias empleadas en grandes empresas, que fueran despedidas por el cierre de estas empresas, debido a su persecución política, tendría unos responsables.

Y estos son los pilares de esas pensiones públicas, empresas y puestos de trabajo, cuyo sistema empieza a flaquear porque la gran mayoría de los grandes empresarios miran más a sus propios intereses mercantiles que a las necesidades de la sociedad en la que conviven y por ello no cumplen con las expectativas de contratación laboral que esa sociedad espera de ellos.

No existe posibilidad alguna de proyecto familiar o de “pareja“ viable y posible con un desempleo que alcanza las mayores cuotas de la Comunidad Europea y con un empleo, que cuando se produce, reviste una tasa de precariedad de tal calibre, que ni siquiera sabe el trabajador si va a continuar al mes siguiente.

Una cosa es el preceptivo período de prueba y otra muy distinta es el aprovechamiento indebido por el empresario de ese período de prueba para despedir indiscriminadamente. Una cosa es el contrato temporal y otra muy distinta es la temporalidad “crónica“ de ese contrato.

El despido libre no se ha traducido en una mayor contratación. Nadie le pide al empresario que “se case con el trabajador, sea como sea el trabajador“ , pero lo que sí le pide la sociedad es que sea coherente con las propias declaraciones de su Patronal y promueva y facilite esa contratación estable que cumpla con su responsabilidad en el marco de la sociedad en la que vive y de la que vive.

En este estado de cosas, los legisladores y los gobiernos aún no se han dado cuenta de la necesidad imperiosa de incentivar a la familia con descuentos reales en todos los ámbitos de la sociedad, de lo contrario los matrimonios y las parejas continuarán sustituyendo a los niños por animales domésticos que resultan mucho más económicos y menos conflictivos.

Con ello, los índices y las curvas de descenso de la natalidad en España son evidentes, sin que los legisladores y los gobiernos aprueben medidas protectoras en favor de las familias y en este sentido la obligatoriedad legal de la conciliación laboral con la empresarial y académica y medidas económicas de promoción familiar son imprescindibles.

Existen organizaciones empresariales en las que esa conciliación ya es un hecho y estas situaciones se van consolidando, pero queda muchísimo camino por recorrer en ese sentido y en todos los relacionados con él.

Si los jóvenes no pueden independizarse económicamente, lo que podría conllevar esa independencia, es evidentemente inviable. En este estado de cosas, los fondos privados de pensiones, son una quimera. La sustitución de los privados por los públicos no tiene sentido.

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Fernando Pelegrín
Periodista | + posts




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