Maternidad tardía

Es preciso, y necesario, hacer viable la maternidad en los tiempos que la corresponden

El aumento de la edad para ser madre obedece en la mayor parte de la población a cuestiones sociológicas, cambios de valores en la formación de las personas y una inviabilidad manifiesta.

Es evidente que la concepción social de la maternidad desde las familias numerosas a la actualidad ha experimentado, en términos generales, un cambio radical.

Motivos religiosos, conceptos distintos del transcurso de la existencia humana, razones económicas o cambios de valores en los principios que la rigen y que las sucesivas generaciones han ido haciendo suyos, han modificado sustancial y notablemente los comportamientos de mujeres y hombres en cuanto al momento de la maternidad.

Las situaciones sociales han hecho a mujeres y hombres modificar sus prioridades o preferencias haciéndolas depender de su propia realidad vital o de valores que han experimentado un cambio tan notable y de tal envergadura que lo que antes era posible y normal en la actualidad es muy difícil, cuando no inviable.

Es evidente que no es suficiente con que gusten los niños, sino que que es necesario poder educarlos, formarlos, alimentarlos y vestirlos y los sueldos de las nóminas y las ganancias de un trabajador autónomo, lejos de ayudar en esa idea la hacen que cubrir y atender a esas necesidades prioritarias muy problemáticas, cuando no inviables.

En general, es muy difícil, cuando no imposible, plantearse ahora la posibilidad, no ya el equivalente a aquellas familias numerosas como antaño, con sus carnets correspondientes que les facilitaba el acceso a ayudas y descuentos, sino el nacimiento de un solo hijo.

Y este problema se inicia con la demora con que los jóvenes pueden independizarse saliendo del hogar de sus padres o mayores porque, en muchísimos casos, estos hogares con hijos mayores se ven obligados a “estirar“ la pensión de esos mayores hasta extremos increíbles.

El paro y los contratos de trabajo, muchos de ellos semanales, son los culpables de esto y digan lo que digan los datos de población activa, la realidad es muy tozuda y los hechos son irrefutables.

Los empresarios a través de sus respectivas patronales insisten una y otra vez en la necesidad de facilitar el empleo, pero la cruel realidad es que el problema empieza con ellos mismos por cuanto, con reformas o sin reformas, continúan sin contratar o, si contratan, lo hacen en forma tan precaria, que es imposible e inviable hacer un proyecto familiar con hijos.

A su vez, una vez realizada la contratación, las empresas, por lo general, tampoco lo ponen fácil. Continúa existiendo en muchas de ellas la discriminación de la mujer por embarazo y congeniar la vida laboral con la familiar sigue siendo una odisea, una quimera, esa soñada compatibilidad.

No es frívolo sino realista, observar que las preferencias de los jóvenes también ha cambiado en cuanto al tipo de vida que estos jóvenes desean, eligiendo la “libertad“ de acción lejos de la dependencia que supone la existencia de hijos en el matrimonio o pareja en los primeros años de su unión familiar, lo que, en su caso, retrasa la maternidad.

Estos motivos, que no son exahustivos sino meramente enunciativos, hace que la maternidad tienda a ser cada vez más tardía.

En estas circunstancias existen casos en que algunos jóvenes sustituyen los niños por animales domésticos. Estos animales no suponen ni el gasto, ni las obligaciones, ni los problemas o conflictos que un hijo conlleva.

Se dirá que no tiene nada que ver un hijo con un animal doméstico y así es, pero en muchos de los casos, la sustitución es evidente.

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Fernando Pelegrín
Periodista | + posts




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