Los partidos cierran la campaña con la duda de quién será el ganador y con el temor a un Parlament ingobernable

La campaña electoral catalana más enconada entre bloques absolutamente antagónicos cerró ayer en medio de la incertidumbre por conocer quién será el ganador de los comicios de mañana, o ERC o Ciudadanos, igualadísimos en las encuestas. La ecuación del 21-D tiene tantas incógnitas que la solución puede ser imposible y el futuro Parlament incapaz de elegir un president.

Para cerrar la campaña más insólita, los candidatos otorgaron más simbolismo a los emplazamientos de sus actos que épica en sus discursos. Los argumentarios ya no dan más de sí cuando está más que demostrado que el problema catalán no tiene solución sólo en las urnas, sino que requiere de debate y cintura política para deshacer el empate entre el bloque independentista y el constitucionalista. La participación, que se augura de récord, será una de las claves.

Las últimas maniobras buscaban réditos inmediatos entre el electorado. Carles Puigdemont convocó a medios catalanes con presencia en Bruselas frente a la casa en la que se alojó el president Francesc Macià durante su exilio europeo. Luego llegaría el megamitin con un centenar de emplazamientos, que la CUP reproducía con su particular repóquer de actos. ERC llevó su caravana desde las puertas de la cárcel de Estremera, donde Oriol Junqueras lleva encerrado 48 días, a las puertas de su casa en Sant Vicenç dels Horts. Miquel Iceta buscó abrigo en Cornellà, donde empezó su carrera política y plataforma del expresident Montilla, Inés Arrimadas en su feudo barcelonés de Nou Barris, y los comunes en Santa Coloma de Gramenet. Xavier García Albiol se refugió en Mariano Rajoy, a quien presenta como adalid del 155, convocante de elecciones y cercenador del proceso independentista.

El presidente del Gobierno tomó las riendas de la campaña del PP catalán el domingo y ha intentado rescatar las perspectivas electorales de su partido, que habían caído a lo más hondo. Las previsiones desde la calle Génova no podían ser peores porque su pérdida de escaños no va a parar al bloque constitucionalista sino que se los disputan Junts per Catalunya y la CUP. De ahí que Rajoy haya pasado por Tarragona, Lleida y ayer buscara el “último arreón” para desempatar con los anticapitalistas en Girona. Rajoy llegó en AVE recordando la inauguración de la línea de alta velocidad en el 2013 junto al Rey y Artur Mas. “Aquí nos recibió un alcalde”. Era Carles Puigdemont.

El president cesado se ha convertido en un candidato online que anoche esprintó con un mitin por internet. Junts per Catalunya se reivindicó ayer como “la única” candidatura que defiende “el retorno del president Puigdemont, el vicepresident Junqueras y todos los consellers”. La tesis final pasa por sostener que “la victoria de Puigdemont es el único resultado que el mundo entenderá” y él mismo avanzó que en caso de victoria reclamará una reunión con las instituciones europeas. “Nos merecemos ser escuchados”, defendió.

No obstante, ni el 155 ni los quince días de campaña han variado la posición invariable de la Comisión Europea desde hace una década. “La posición de la Comisión Europea y del presidente Juncker en este asunto es bien conocida, ha sido comunicada en muchas ocasiones y a todos los niveles, no es necesario repetirla”. Margaritis Schinas, el portavoz jefe comunitario, cumplió con el guión. ¿Recibirá Juncker al president que salga de las urnas? “Primero habrá que tener un Govern”. Carles Puigdemont quiere resistir hasta el final. Mañana ha convertido su seguimiento del escrutinio desde Bruselas en un acto de su “Govern legítimo”.

Junts per Catalunya plantea ahora un “president o president” que ERC no acepta. Los republicanos se plantaron ayer en la meseta castellana, frente a la prisión de Estremera para reivindicar la figura de Oriol Junqueras. Fue la imagen de la anomalía con la que ha transcurrido la campaña, con Puigdemont en Bruselas y el líder de ERC en la cárcel, junto a Joaquim Forn y los Jordis. ERC ha logrado en los últimos días potenciar la presencia de Junqueras a través de entrevistas escritas y grabaciones de voz que le han costado un expediente penitenciario.

No obstante, la anomalía de la presencia de la lista de ERC en la puerta de Estremera denunciando la “represión” del Estado, se vio aumentada por el intento de boicot de los ultras de Hogar Social, incluidos algunos condenados por el ataque a la delegación de la Generalitat en Madrid, a los que el Tribunal Constitucional ha suspendido el cumplimiento de la condena. Los republicanos pasaron del rechazo ultra a arropar a la familia y amigos de Junqueras en Sant Vicenç dels Horts.

La excepcionalidad también envuelve la campaña de Inés Arrimadas, pero por la movilización que Ciudadanos ha logrado durante quince días, confirmada anoche en Nou Barris. Arrimadas aspira a ganar el jueves con un discurso sin prometer más que el fin del proceso independentista. No obstante, sus posibilidades de sumar apoyos en torno a su candidatura a la presidencia son menores que las que plantea Miquel Iceta. Para superar a Ciudadanos, el líder del PSC se sumó al discurso de Josep Borrell, que ha aparecido en los últimos días como gran agitador de la campaña socialista. “Tenemos una herida envenenada. Han querido dividir al país. O somos capaces de limpiarlo o no saldremos”.

Quien quiere la llave para desempatar es Xavier Domènech, pero sólo para abrir la puerta de un Govern a priori imposible con PSC y ERC. El candidato de Catalunya en Comú quiere ser el “pal de paller de la reconstrucción”. Mientras la puerta del Palau de la Generalitat está en rehabilitación.

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Andrés Villar
Periodista | + posts




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