El caracol más venenoso del mundo podría tener la solución para la cura de numerosas enfermedades

Está claro que el mundo animal es todo un universo que aún desconocemos por completo. Dentro de las diferentes especies de los moluscos que poseen concha con forma espiral, caracol es el nombre que muchos reciben comúnmente. Entre ellos, existen tres clases: caracoles marinos, de agua dulce y caracoles terrestres. Los primeros, en concreto los caracoles cono, que viven en aguas tropicales, tienen como característica principal que son depredadores muy venenosos.

Los caracoles cono miden aproximadamente 15 centímetros, y se dividen en más de 100 especies que liberan toxinas que paralizan a la presa. Son del género de moluscos gasterópodos. Su dieta es carnívora, y comen principalmente pequeños peces y gusanos, pero en ocasiones pueden atacar a otros de su misma especie. La forma de atacar a sus presas se distingue por abrir su enorme boca, atrapando a su botín e influyendo en su metabolismo. Además, lanza un arpón venenoso, que las paraliza instantáneamente. Así, la táctica que más suele utilizar a la hora de cazar es la emboscada, pues cuando detecta a una presa potencial, primero orienta su boca hacia ella y carga el arpón de veneno, y una vez que el caracol detecta que la presa está a una distancia idónea, dispara el arpón paralizando a la presa casi al instante. Algunos venenos de caracol cono también contienen una toxina para reducir el dolor, que el caracol utiliza para tranquilizar a la víctima antes de la inmovilización y luego matarla.

El veneno del caracol cono es una combinación de más de cien compuestos distintos y la composición del veneno varía según la especie. Usan la insulina en su veneno estando cerca de los peces, y al entrar por las branquias, llega inmediatamente a la sangre. El veneno de algunas especies más grandes, especialmente los piscívoros, es lo suficientemente potente como para matar a un ser humano. Las toxinas de estos diferentes venenos se llaman conotoxinas.

El hábitat principal de estos animales letales se encuentra en aguas tropicales del Océano Índico y Pacífico. Suelen establecerse en: la gran Barrera de Coral de Australia, en el Golfo de California, en el Atlántico mexicano, en el Caribe y en las Costas de Sudamérica. Por el día los caracoles recorren los arrecifes y por las noches, descansan en espacios arenosos. Como todas las especies son venenosas, debe evitarse entrar en contacto con ellos, por la capacidad que tienen de picar a los seres humanos y de ocasionar resultados lamentables.

Entre los síntomas de la picadura de un caracol están: dolor, hinchazón, hormigueo, vómitos, entumecimiento. Los síntomas de la picadura pueden ser de acción inmediata o retardada. En los casos más graves, puede darse insuficiencia respiratoria e inclusive llevar a la víctima a la muerte.

EL USO MÉDICO DE SU VENENO

Hay variados estudios científicos que afirman que hay algunas especies de este venenoso molusco que son capaces de ir modificando la composición de su veneno a lo largo del tiempo, para mejorar su eficacia y evitar que las presas se hagan inmunes a él. Precisamente por ello, la complejidad del veneno de estos caracoles cono ha suscitado gran interés en el campo de la medicina, y se estima que este mismo tenga innumerables aplicaciones farmacéuticas como, por ejemplo, tranquilizantes y anestésicos.

Poco a poco se va demostrando que no solo son venenosos, sino que algunos de ellos (el Conus Geographus y el Conus Tulipa) liberan un tipo de insulina para vencer a sus enemigos. La insulina de los moluscos se produce en las células neuroendocrinas, pero el caracol cono crea la insulina que utiliza como arma en la glándula donde se produce el veneno. Es el primer caso de un animal usando insulina en su veneno, y es tan parecida a la de los peces, que estas presas se vuelven menos activas en pocos segundos. De hecho, existen investigaciones médicas para utilizar esta toxina como medio para aliviar el dolor crónico, principalmente por la precisión y velocidad con la que actúan sus componentes.

El veneno de algunos caracoles cono, como el del Conus magus, promete mucho para ofrecer un analgésico no adictivo 1.000 veces más potente, y posiblemente un sustituto, de la morfina. Esto significa que de forma aislada, pueden rápida y fiablemente producir un efecto particular en los sistemas del cuerpo sin efectos secundarios, por ejemplo, reducción casi al instante de la frecuencia cardíaca o apagar la señalización de una sola clase de nervios, como los receptores del dolor.

En relación a las posibles enfermedades que se pudiesen tratar con dicho veneno, los péptidos (tipo de moléculas formadas por la unión de varios aminoácidos mediante enlaces peptídicos) funcionan mediante un mecanismo que puede ser útil para las personas con epilepsia. Así, los investigadores han producido moléculas sintéticas, para mejorar las propiedades de los compuestos para uso médico. Además, se muestran numerosas perspectivas de poder producir potentes productos farmacéuticos, tales como el AVC1, una toxina del caracol cono descubierta por los investigadores de Melbourne, que ha demostrado tener gran potencial para aliviar dolor, y podría proporcionar un tratamiento mejorado para el dolor neuropático asociado a diabetes. Por eso, diversos expertos han afirmado quetiene la propiedad única que parece acelerar el índice de recuperación de un daño del nervio.”

Por otro lado, el caracol cono de la Reina Victoria, una especie de Australia, ha demostrado ser muy eficaz en el tratamiento del dolor postquirúrgico y neuropático, incluso acelerando la recuperación tras una lesión nerviosa. De hecho, existen ensayos para crear fármacos que permitan tratar la enfermedad de Alzheimer, el Parkinson y la tuberculosis.

El primer analgésico derivado de las toxinas de caracoles cono, la ziconotida, fue aprobado por la Food and Drug Administration de los EE.UU. en diciembre de 2004 bajo el nombre de “Prialt”. Sus propiedades paralizantes, o su capacidad para matar a células o microorganismos es aprovechado por la ciencia para desarrollar medicamentos que curan enfermedades o reducen el dolor. Así, en 2013, el descubrimiento de un nuevo conopéptido con propiedades calmantes fue anunciado por científicos australianos. Esta sustancia química se dice que es 100 veces más eficaz que los analgésicos comunes y se pueden tomar por vía oral. Los investigadores aseguran que no es adictivo, y una vez más, diseñaron un fármaco sintético que se asemeja al natural. Los científicos están tratando de obtener la aprobación del Gobierno y la financiación de los ensayos clínicos en humanos.

Cabe mencionar la labor del bioquímico Frank Marí y su equipo del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés, National Institute of Standards and Technology), una agencia de la Administración de Tecnología del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, que utilizan un compuesto del veneno de este molusco llamado conotoxina, para anular ciertos receptores de las células, que producen inflamación. En el último año, Marí y sus colegas han publicado artículos sobre una enzima de veneno que se puede usar para romper las paredes celulares y entregar medicamentos al cuerpo, y otra que puede conducir a un nuevo tratamiento para la enfermedad del Parkinson.

Por desgracia, gran parte de los caracoles cono están en problemas. Debido a que las conchas son muy coloridas y con un diseño muy llamativo, se ha convertido en un objeto de coleccionista, por lo que el afán de conseguir sus conchas y el dinero que se paga por ellas, han llevado a cantidad de especies de caracol cono al borde la extinción. Por otro lado, estos moluscos muchas veces mueren debido al desarrollo costero, la contaminación marina, las prácticas pesqueras destructivas y el cambio climático. Por ello, todas las aplicaciones descritas del veneno del caracol cono sirven para demostrar por qué debemos proteger a toda costa las especies animales, ya que la situación podría también perjudicar a los seres humanos, si quizá en una de esas especies a punto de extinguirse, se esconda un remedio contra enfermedades como el cáncer o un antibiótico que nos proteja.

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María Pelegrín
Periodista | + posts




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