¿Burbuja de titulaciones?

La cultura, la preparación y la opción personal nunca son el problema

Nunca son un problema la cantidad y diversidad de titulaciones académicas, superiores o medias, sino todo lo contrario, ellas son parte de la riqueza cultural y profesional de un país. El problema está en las políticas de mal hacer y no hacer de las Administraciones Públicas, nacionales, comunitarias o locales, unidas a una problemática empresarial, unas veces reprochable al Estado y otras a los intereses de los empresarios.

Es evidente que el progreso social conlleva un aumento de posibilidades de oficios y profesiones a desarrollar en todas las facetas y disciplinas académicas y las Administraciones y el sector empresarial tienen que estar “a la altura“ de estos avances y, por mucha “palabrería“ de que hacen “gala“, no lo están a esa altura que la sociedad necesita y demanda.

Ese planteamiento tan manido de “burbuja de titulaciones” es propio de sociedades periféricas o de otro “orden político” muy peligroso y ya superado, que no tiene la economía de mercado y las políticas sociales entre sus objetivos y con la falta de esas premisas no hay sociedad libre.

Títulos académicos

El avance social en todos los órdenes implica la creación de nuevas áreas de trabajo y con ello el surgimiento de grados y especializaciones académicas y por consiguiente profesionales que antes no existían y ahora tienen que existir porque en el avance social tienen su razón de ser y existir.

La respuesta a este avance son unas políticas de actuación encaminadas a hacer posible y a hacer frente a ese avance social en todas las áreas y en este objetivo tienen una irrenunciable función el estamento político y el empresarial.

Los puestos de trabajo tienen que ir acorde con el avance de la sociedad y ello implica su creación y la desaparición o prohibición del “contrato trampa”.

Esas políticas le corresponden a las Administraciones Públicas, en cada una de sus ámbitos territoriales y a la empresa privada, a la que no se puede demonizar en contra de los propios intereses de sus trabajadores y de los aspirantes a un puesto de trabajo, porque sin la empresa privada, actuando en su terreno, un país, una nación no es libre, no es viable.

Y esas políticas empresariales se traducen, entre otras muchas, en ayudas al trabajador y a la familia dotándoles de una estabilidad y seguridad económicas, así como una compaginación de la vida familiar con la laboral que las permitan acometer proyectos de futuro sin una “espada de Damocles“ de inseguridad y estabilidad económica que les impida esos proyectos.

Para esa seguridad y estabilidad familiar es obligada una economía de mercado estable y en crecimiento que ayudaría, a su vez, a la existencia de una política social acorde con ese avance social imparable e imprescindible.

En esa economía de mercado, reitero, tiene un compromiso ineludible el sector empresarial, tanto grande como mediano o pequeño, imprescindible en toda sociedad libre y social, para la creación real y no ficticia o fraudulenta de contratos de trabajo como son los falsos autónomos y los contratos temporales y renovados cada semana o, incluso, diariamente, ya que la palabrería de los “grandes empresarios“ no se corresponde con la realidad que después practican.

Es evidente que el trabajador tiene también la obligación de abandonar la “picaresca“ en la reclamación de sus derechos laborales, que los tiene, pero que les exige buena fe y seriedad en su actitud laboral. Son una minoría pero, como todas las minorías, hacen mucho daño a esa gran mayoría trabajadora, seria y responsable que llenan las bolsas de trabajo.

En cuanto a la preparación en el sistema formativo de cualquiera de sus grados o especialidades, los Profesores tienen una labor en el desempeño y ejercicio de sus funciones educativa y formativa, que van muchísimo más allá de la pura enseñanza de la materia académica de que se trate en cada momento y esa labor, en la que casi nunca reparan es la de orientación a sus alumnos, tras el conocimiento de sus respectivas actitudes y aptitudes, hacia el campo profesional adecuado para cada uno de ellos, confirmándolo u orientándolo o reorientándolo en cada uno de los casos.

El Estado no puede hacer esa selección porque no le corresponde intervenir en las vocaciones y preferencias de los estudiantes, amparándose en las necesidades de una sociedad libre. La cuestión de la llamada saturación o déficit de diversos grados académicos no puede tener la solución en la intervención del Estado de las preferencias de los aspirantes a esos grados académicos.

Millones de vidas profesionales han sido truncadas en base a una calificación, en muchísimas ocasiones decimal, que no habla de actitudes ni de aptitudes. Este sistema no es válido y lleva muchísimos años dejando “víctimas“ profesionales en su camino, “víctimas“ que desarrollan su labor en otras profesiones para las que carecen de actitud, de aptitud o de ambas. Eso nunca puede ser la solución.

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Fernando Pelegrín
Periodista | + posts




Un comentario sobre “¿Burbuja de titulaciones?

  • el 27 noviembre, 2017 a las 3:03 pm
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    Es cierto que la enseñanza de profesiones laborables regladas, es casi nula en España y es una tara para nuestro desarrollo económico. Para otros países de la Comunidad Europea, son lo habitual. Que hay que preparar en muchos sectores es obvio, pero ?quien dice algo al respecto.? nadie y ésto hace que se produzca un irreparable daño a nuestra economía y su amplitud buscando la especialidad, al tiempo de ir alejando a los jóvenes de tener un puesto de trabajo con una especialización y a España de seguir creciendo.

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