Animales

Los avances científicos, tecnológicos, artísticos, literarios, culinarios, deportivos y de todo orden españoles, a lo largo de toda su historia, son incuestionables por evidentes, pero también es evidente e incuestionable que muchos españoles y todos sus gobernantes se han olvidado de los animales.

Ellos son otra de las asignaturas pendientes de los unos y de los otros, cuya cultura estancadamente ascentral continúa viendo a los animales como objetos de una “diversión“ sangrante y dañina para los animales y en muchos casos como consecuencia, posiblemente, de anomalías psíquicas, porque de lo contrario resulta imposible a la comprensión humana el maltrato que reciben estos animales por lo que se consideran “animales racionales“.

El toro de la Vega, los toros enmaronados, el toro de júbilo, el toro de San Juan, los patos al agua, las corridas de gansos, el apedreamiento de Judas (con ardillas y gatos como víctimas mortuorias), la cabra desde el campanario (sin que la lona en la que cae la libre del maltrato), las becerradas de Algemes, la pava de Calzadilla son, entre un larguísimo etcétera, la muestra de la perduración en España del capítulo de tradiciones populares que constituyen el maltrato salvaje a animales, cuyo sufrimiento sigue valiendo de risa y diversión a los seguidores de esas llamadas “fiestas“ en las que utilizan a animales como objetos.

Festejos propios de un país tercermundista en los que cuanta más brutalidad sobre los animales más completo es el festejo.

Los animales no tienen voz y de su indefensión se valen esas “bestias“ humanas que son más “animales“ irracionales que los propios animales irracionales.

Es evidente que el trato a los animales es un problema de cultura y en este aspecto España sufre un retraso secular.

En este sentido, el 13 de Noviembre de 1.987 se aprobó en Estrasburgo el Convenio Europeo para la Protección de los Animales de Compañía y a los treinta años de esa aprobación España lo ratifica.

Lo que ocurre es que, por un lado, la demora en la ratificación de ese Convenio resulta ya crónica en España respecto ese Convenio y a muchos otros aspectos de la actividad social y política y, por otro lado, ya se empieza mal por cuanto los beneficiarios de ese convenio son los animales que consigan la consideración de “animales de compañía , con lo que el Convenio ya nació incompleto e insuficiente, porque deja fuera de su amparo y defensa a todos aquellos animales que no hayan conseguido tal “categoría“.

Pobres cabras, pobres toros, pobres becerros, pobres, gansos, ardillas y gatos, que al no ser conseguir el “título“ o consideración de “compañía“ quedan a merced del maltrato salvaje de los seguidores de esas llamadas “fiestas populares tradicionales“.

Es decir, conforme a ese Convenio, a estos animales se les puede seguir maltratando.

Y la Ley penal española, en su Código Penal va en esa misma línea, tanto porque no ampara al animal salvaje ( por lo visto, el que tenga la consideración de “salvaje“ puede ser maltratado ), ni por las penas a imponer.

Por un lado, las multas no son penas que hagan replantearse a los vecinos el maltrato a animales, por cuanto las “colectas vecinales“ para pagar esas multas ya están inventadas e instituidas y forman parte del “festejo“ y por otro lado, las penas de prisión, que no superen los dos años de duración, en los casos en que el condenado carezca de antecedentes penales y siempre que se trate de la primera condena, son susceptibles de suspensión por concesión judicial, dependiendo de las circunstancias de cada caso.

Hemos adelantado, pero falta mucho y muchos animales siguen siendo maltratados y sufriendo.

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Fernando Pelegrín
Periodista | + posts




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