Incendios

Los intereses creados y la menos que deteriorada educación cívica, que debería existir a lo largo de toda la formación de la persona, vienen a colación al tratar de las causas de los incendios forestales.

Muy raro es ya el caso natural como causa de un incendio y ésta es la realidad sin disfrazar,  “sin paños calientes“.

Es cierto que las grandes extensiones de vegetación combinadas con períodos  de sequía y el calor  son condiciones óptimas para la provocación de incendios.

Según los expertos, el calor solar es motivo de la deshidratación de las plantas y cuándo éstas no pueden absorber del suelo la humedad porque ha descendido a porcentajes mínimos, la sequedad que resulta provoca la emisión de etileno, el cual unido a ese calor solar hace de combustible ante la  chispa más insignificante y es motivo más que suficiente para un incendio devastador.

Pero no son las causas naturales el origen de la gran mayoría de los incendios, sino la imprudente o dolosa acción humana. La barbacoa dominguera y la colilla del cigarrillo encendida tirada al suelo  sin precaución alguna son ejemplos de ello.

A su vez, son muchos y muy variados los intereses creados en juego del hombre como es la llamada “quema agrícola“ , en la que, en muchas ocasiones  los autores pierden el control y no pueden evitar la extensión de incendio a predios colindantes.

En este desorden forestal, el abandono del medio rural contribuye decisivamente a la inclemencia de las llamas.

Pero hasta ahora se trata de imprudencias graves y en los incendios provocados no solo existe imprudencia humana grave sino también, intencionalidad del hombre, es decir, dolo. La piromanía, la cinegética, el vandalismo, la venganza, las “maniobras“ para bajar el precio de la madera y todo ello junto a la especulación urbanística, son algunos ejemplos de ello.

Ante esta situación , la prevención es una asignatura pendiente de las Administraciones Nacional, Comunitaria y Local  competentes en esta materia que no están a la altura de sus compromisos, promesas y sobre todo, de sus obligaciones.

Por su parte, una vez declarado el incendio, ni la Policía, en cada una de sus modalidades, ni la Guardia Forestal son capaces de solucionar, por sí mismas, las diversas situaciones que se presentan y tiene que ser siempre el pueblo el que finalmente responda y se involucre con su entrega y riego personal consabido. Esta es la cruda realidad aunque se intente disfrazar con frases  grandilocuentes “políticamente correctas“.

Falta de medios, de planificación, de preparación, de previsibilidad. No se puede argumentar que aquellas superficies que superan  cifras de hectáreas determinadas quedan fuera de la capacidad de control. En el siglo XXI eso es inadmisible. La previsión y la capacidad de respuesta de la Administraciones Nacional , Comunitaria y Local, tienen que estar a la altura de las necesidades.  Es imprescindible una política de ordenación del territorio a la altura y proporcional a las características y por consiguiente de las necesidades de cada Comunidad Autónoma, los legisladores hablan mucho pero hacen poco o nada.

Fernando Pelegrín
Periodista | + posts




(Visited 17 times, 1 visits today)

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *