Abandono de mascotas

La cuestión es educar a las personas para que sepan tener animales de compañía. Es un problema de formación, de cultura. La vida de la mujer, la del hombre, es un continuo saber hacer, que se traduce en un continuo saber decidir y ello supone un “saber estar“  en cada momento de sus vidas.

Es necesario saber ser autoridad y saber ser ciudadano, se trata de aprender a vivir y con ello, saber comportarse y decidir en cada una de las situaciones en que la persona se encuentre o afronte. A esa categoría humana se llega con la madurez que se adquiere con el aprendizaje de la vida.

En esa línea y actuando con madurez y no a impulsos, por muy bien intencionados con éstos sean, hay que saber tener animales animales domésticos en casa, a los que ahora se les llama mascotas. Y este “saber“ implica partir de la idea primordial y muchas veces vital para el animal, de que son seres vivos y por consiguiente sienten, disfrutan, padecen y tienen  necesidades biológicas y de otros muchos órdenes, como los humanos.

En este “saber“ tener animales domésticos, se encuentra la primera gran decisión que es la de si se quiere realmente y se puede efectivamente  tener animales, porque las consecuencias del impulso irreflexivo las sufre el animal en cuestión.

La madurez  ha de llevar a la persona a conocer y asumir, no solo la compañía, la  “complicidad“ y las alegrías que esa mascota le va a aportar,  sino también sus necesidades  y sentimientos, porque la mascota siente y habla y el amo o el ama  la entenderá muy fácilmente porque le habla con la mirada y con la expresividad que les caracteriza. La mascota tiene que gustar, tiene que ser deseada, pero no como objeto decorativo o de dedicación pasajera o momentánea,  sino como una más de la familia.

Esa madurez comienza por saber considerar los animales que no son domésticos y que por consiguiente sacarles de su hábitat es perjudicial principalmente para ellos mismos y en estas condiciones privarles de su entorno vital solo obedecerá al egoísmo de la persona que lo pretenda para satisfacer sus propias necesidades o carencias.

Y esa madurez continúa por considerar y plantearse que una mascota necesita de su amo una dedicación que condicionará la vida de ese amo, ama, o familia.

Un animal doméstico es un ser vivo que siente y padece y no funciona  dándole cuerda porque no es un juguete y por eso necesita su espacio, conforme a su envergadura o tamaño  y por ello la persona que se plantee adoptar o adquirir una mascota debe saber elegir un ejemplar proporcional a sus posibilidades físicas y de hábitat, así como la dedicación correspondiente a las necesidades de dicha mascota.

Este animal va a formar parte de la vida de su amo y su amo la suya. Esto es algo muy bonito pero también muy serio. Una mascota va a ser el amigo fiel de su compañero, el que siempre le espere y el que nunca le engañe. Los dos se necesitan y los dos han tenido la suerte de encontrarse.

El que asume a una mascota en su vida asume la responsabilidad sobre ella desde el primer instante, con sus momentos buenos y malos y por ello en el caso de que una mascota sea el objeto de regalo para un niño o niña, es preciso planearse que al niño o a la niña a quien se le regala, no se le regala un juguete sino un ser vivo y por consiguiente se ha de tener previsto que será la familia de ese niño o niña la que tendrá que asumir el compromiso y la responsabilidad de esa mascota, desde el primer instante, para con la mascota objeto de regalo.

Es una inmoralidad y una irresponsabilidad  adoptar a un animal doméstico o utilizarlo como objeto de regalo para abandonarle en la primera oportunidad que su presencia impida a los amos o la familia  continuar el tipo de vida que llevaban con anterioridad a llegar la mascota a sus vidas.

La mascota no es un capricho, tiene que ser un deseo, sabiendo que va a cambiar la vida de su amo o su ama enriqueciéndola y pero también por el tiempo que necesita de dedicación.

La mascota es una más de la familia y eso muy bonito, emotivo y al mismo tiempo muy serio y este convencimiento y la decisión de adoptarlo, de tenerlo en las condiciones que requiere necesita de madurez.

La mascota no puede ser la víctima de la irresponsabilidad o carencias de su amo.

 

Fernando Pelegrín
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